En una columna publicada en Diario Correo, el periodista y crítico literario Carlos Pérez Urrutia dedica una reseña a la obra del autor trujillano, situándolo entre las voces que enriquecen el panorama de la narrativa de La Libertad.
Pérez Urrutia describe una escritura trabajada con delicadeza y minuciosidad, encubierta bajo un lenguaje sencillo y directo. Para el reseñista, es justamente esa transparencia la que conecta al lector con los sucesos hasta conmoverlo y conmocionarlo. Más que las historias en sí, lo que da valor literario a esta narrativa, escribe, es la forma de contar y el manejo cuidadoso de la técnica.
En su análisis destaca los cierres — abiertos, semiabiertos o cerrados — de cada relato. El autor opta por finales sorpresivos y reveladores, donde el lector es alcanzado por el punto final y la perplejidad termina apoderándose de él. Esta narrativa, según la reseña, no pretende ofrecer finales felices: su pretensión mayor es darle al lector «un golpe al seso» y dejarlo «sin aliento».
La crítica concluye que se trata de una obra que conduce simultáneamente al disfrute estético y a la interpelación más íntima — un libro que «acaricia el corazón con los dedos desollados» y conmociona con la verdad de las soledades, las carencias y la inocencia del amor.