El autor lee

Cinco libros que me cambiaron la forma de leer.

No una lista canónica. Cinco libros que aparecieron en el momento exacto en que necesitaba que aparecieran, y que dejaron una huella que reconozco cada vez que escribo.

Portada de La palabra del mudo, Julio Ramón Ribeyro (Seix Barral)

La palabra del mudo

Julio Ramón Ribeyro

Ribeyro me enseñó que la literatura peruana no necesita ser exótica para ser verdadera. Sus personajes son personas que uno reconoce en la fila del banco, en el paradero, en la sala de espera del hospital. Me enseñó a mirar lo ordinario con atención de cirujano.

Portada de Un mundo para Julius, Alfredo Bryce Echenique (Cátedra, Letras Hispánicas)

Un mundo para Julius

Alfredo Bryce Echenique

Descubrí con Bryce que la ternura no es debilidad en la literatura. Julius me llegó en un momento en que yo creía que escribir con sentimiento era un defecto. Este libro me reconcilió con la emoción como herramienta narrativa.

Portada de Poesía completa, Alejandra Pizarnik (Lumen) — incluye Árbol de Diana

Árbol de Diana

Alejandra Pizarnik

Pizarnik me mostró que la poesía puede ser un lugar de exactitud absoluta. Cada palabra en su lugar, sin adorno innecesario. Leerla fue entender que la brevedad no es falta de profundidad sino una forma diferente de excavar.

Portada de Borracho estaba, pero me acuerdo, Víctor Hugo Viscarra (Mono Azul Editora)

Borracho estaba pero me acuerdo

Víctor Hugo Viscarra

Viscarra me sacudió. Su escritura sin concesiones, desde los márgenes, me recordó que la literatura honesta no pide permiso. Hay una valentía en su obra que todavía me interpela cuando escribo sobre lo difícil.

Portada de La hora de la estrella, Clarice Lispector (Siruela)

La hora de la estrella

Clarice Lispector

El libro que más me ha hecho pensar sobre qué es narrar. Lispector hace visibles los mecanismos de la ficción, los pone sobre la mesa, y aun así la historia duele con una intensidad que no tiene explicación racional. Cada relectura me devuelve algo nuevo.